Blog del Instituto Profesional de Enseñanza Superior

Gamificación en las aulas

Definiendo, comprendiendo y promoviendo los videojuegos en la educación.

Gamificación en la aulas

 

La educación tradicional es percibida por muchos estudiantes como algo aburrido y en ocasiones poco eficaz. Aunque los docentes busquen continuamente nuevos métodos de enseñanza, en gran medida enfrentan un importante reto para motivar a los estudiantes y hacer que desarrollen un compromiso con las asignaturas.

Es, en este contexto, que el uso de juegos como herramientas de aprendizaje parece ser un enfoque prometedor debido a su habilidad para enseñar y reforzar no sólo conocimientos, sino también habilidades como la resolución de problemas, la colaboración o la comunicación. Los juegos tienen el poder de motivar (lo hemos escuchado muchas veces), se utilizan en una amplia serie de mecanismos para incentivar a las personas a participar en ellos y, a menudo, sólo se hace por el placer de jugar, la posibilidad de ganar o participar sin recibir ninguna recompensa.

La “gamification” (traducido como “gamificación” o “ludificación”) sugiere en este sentido, el poder utilizar elementos del juego y el diseño de juegos, para mejorar el compromiso y la motivación de los participantes. El concepto definido por Deterding, Dixon, Khaled y Nacke en el artículo “Gamification: Toward a definition” en 2011 se refiere al uso de elementos de diseño de juegos en contextos que no son de juego. Hablamos de un campo relativamente nuevo pero con un rápido crecimiento.

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El  primer uso y documentación del término se realizó en el año 2008, pero éste no fue generalizado sino hasta el segundo semestre de 2010. Se presume que fue Nick Pelling quién introdujo el término mucho antes en el año 2003, cuando escribió un trabajo como consultor para una empresa de fabricación de hardware.

En los últimos años, la gamificación se ha visto envuelta en una rápida adopción de iniciativas ecológicas, de marketing, empresariales y por supuesto, en la educación. Su potencial para moldear el comportamiento de los usuarios es interesante y eficaz (en algunos casos) para diversas áreas. Algunos centros de educación en línea como khanacademy.org o codeacademy.com, utilizan el juego para aumentar la participación de los usuarios. Cursos, talleres y asignaturas implementan la gamificación, con la idea de que los usuarios puedan aprender de una manera diferente y divertida.

En esto la universidad no está fuera. Algunos profesores universitarios ya utilizan elementos de juego para alentar a los estudiantes a que se involucren en las asignaturas, para motivar la acción,  influir en el comportamiento, mejorar habilidades o el proceso de evaluación, o para fomentar una competencia amigable entre ellos. Por supuesto también para mejorar la adquisición de conocimientos.

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De acuerdo con Gartner’s Hype Cycle 2013, una metodología de investigación que describe la viabilidad de una tecnología emergente, existen expectativas de que esta tendencia llegará a su climax de productividad en 5 a 10 años. Y eso está ocurriendo. Se ve un aumento en la cantidad de artículos científicos publicados. Y aunque la creación de una estrategia de gamificación atractiva y eficaz para el aprendizaje pueda ser una tarea difícil, lenta o costosa, las experiencias van en aumento.

La apuesta es lograr una adopción efectiva en el aula, aunque el profesor requiera de cierta infraestructura técnica, de tiempo extra y/o de una integración pedagógica adecuada para su plan de estudios. Todo sea por encontrar un nuevo método de enseñanza-aprendizaje para motivar a los estudiantes y hacer que estos desarrollen un mayor compromiso con las asignaturas y su aprendizaje.

Fuente: Ruth Contreras, juegosyaprendizaje1.blogspot.com.ar

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Peligro en casa: cada vez hay más incendios por fallas eléctricas

Crecieron de 26% en 2014 a 41% en 2015. Las “zapatillas”, un riesgo.

José Luis Naz se despertó sobresaltado por una pesadilla espantosa. Pero no se trató solamente de un mal sueño. La causa de su tormento era real: su departamento, ubicado en el barrio porteño de Balvanera, se estaba incendiando. Y pese a que Naz se pudo salvar escapando por una ventana, el fuego devoró casi todo lo que tenía antes que las dotaciones de bomberos lograran controlar las llamas.

 

Los peritajes determinaron que el fuego se originó por el recalentamiento de una “zapatilla” que tenía enchufados varios electrodomésticos.

Casos como éste, lejos de ser extraordinarios, son cada vez más frecuentes, según demuestran las últimas estadísticas elaboradas por la Superintendencia Federal de Bomberos.

Del total de incendios ocurridos en los hogares porteños durante 2015, la proporción atribuida a fallas en la instalación eléctrica domiciliaria casi se duplicó con respecto al año anterior. Y uno de los mayores peligros son, dicen los especialistas, las “zapatillas”.

Cuando una instalación eléctrica irregular es sobreexigida por la incorporación de electrodomésticos de alto consumo energético aumentan las probabilidades de incendio debido a recalentamientos.

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La Asociación Electrotécnica Argentina (AEA) calcula que en los últimos 20 años, debido al uso creciente de electrodomésticos, el consumo de energía eléctrica en los hogares se incrementó, en promedio, 6 veces. Pero mientras tanto, las instalaciones, en general, no fueron actualizadas. “Sólo se les hacen parches”, alertó Patricia Yerfino de APSE.

“El aumento en la compra de electrodomésticos provocó una sobrecarga de las instalaciones eléctricas hogareñas, que en muchos casos fallan debido a su precariedad”, alertó el subcomisario Marcelo Ochoa, de la Superintendencia Federal de Bomberos, y aclaró que la mayoría de los casos “son por fallas humanas”, no de los equipos.

Contratar personal no idóneo para instalar equipos y efectuar arreglos, usar materiales de baja calidad, contar con un cableado no acorde con la carga eléctrica que deberá soportar, emplear “zapatillas” sin interruptores térmicos y conectar electrodomésticos de alto consumo energético a enchufes “triples” son algunos de los errores que pueden provocar incendios.

Las fallas más comunes se deben al empleo de materiales “no aptos”, que no soportan la carga de tensión. Por ejemplo, las populares “zapatillas” deben contar con un “interruptor térmico” incorporado, que corte la corriente en caso de sobrecarga, para ser seguras.

“No vendo ni loco zapatillas sin interruptor térmico: son un peligro”, advierte Nicolás, vendedor en Electricidad Arev. Sin embargo, en una recorrida por distintas ferreterías céntricas, La Nación comprobó que son muchas las que venden zapatillas sin esa protección.

Sólo para contingencias

Ochoa explicó que las “zapatillas” deben utilizarse sólo para “contingencias”, pero nunca de modo permanente: “se les puede enchufar una cortadora de pasto para hacer un trabajo breve. Pero es un error incorporar la zapatilla a la instalación permanente”. Por ejemplo, para tener conectada la heladera.

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Si por ser demasiado fino el cableado se recalienta, las llaves termomagnéticas cortarán la corriente. Pero algunas personas pierden la paciencia cuando las llaves “saltan” seguido y las “refuerzan” con un mayor amperaje, con lo cual dejarán de saltar pero no se evitarán los recalentamientos, que podrían derivar en un incendio. “La solución consiste en reemplazar el cableado y colocar uno acorde a la carga que debe soportar”, explicó José Eduardo Alfonso, electricista matriculado.

Aunque no hay datos estadísticos sobre el grado de irregularidad de las instalaciones eléctricas residenciales, “la experiencia, producto de haber visitado durante años los hogares durante operativos, dice que la precariedad es alta”, sostuvo Ochoa.

“Cuando alguien tiene un problema eléctrico en su departamento es frecuente que llame al encargado de su edificio, que sin ninguna capacitación específica, efectúa una refacción provisional del desperfecto, emplea material sin certificar y modifica el sistema, al que se le agrega más carga”, alerta Yerfino.

En otros casos, es el propio usuario el que se encarga de ejecutar los trabajos. “Compro yo, lo hago yo … y listo!”, ironiza Ochoa, y agrega que “así es el ADN argentino”.

Fuente: Fernando J. de Aróstegui, Diario La Nación.
Imagen: diariolamanana.com.ar.

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